volando voy, volando no sé qué más hacer
Qué pena que el tipo que le tocó por compañero a Araceli no estuviera que te cagas de bueno, porque los asientos eran tan estrechos que estuvieron todo el viaje haciendo coditos... Suerte que arrastrábamos sueño y fuimos haciendo cabezadillas entre pelis, pollo con patatas, capítulos de Friends, sandwiches de jamón y queso, formularios e intentar combinar la logística casi imposible de antifaz, cascos, cojín, manta, minicepillo de dientes y bandejitas.
La verdad es que en Miami te reciben de maravilla: te anuncian dónde están los baños en español y hasta que no salimos del aeropuerto tuvimos la necesidad de hablar inglés. Los mismos aduaneros nos sellaron el visado sonrientes después de habernos pedido los e-mails para invitarnos a salir. Ya sabemos que empieza a sonar a fardada máxima, pero o tenemos gancho con los aduaneros de manera que nos plantearíamos viajar más, o están muy desesperados porque no sabéis el estado antiglamuroso con el que llegamos a Miami o hasta hechas una porquería desprendemos a chorros buena energía que atrae a cualquier bicho medio intuitivo y sensible que se ponga delante.
Nadie nos vino a recoger, repito, nadie. Pero no pasa nada y si pasa se le saluda. Así que decididas y valientes como las que más embutimos las maletas dentro de un taxi amarillo amercan stile, con un taxista que hubiera podido ser protagonista de un espisodio de CSI Miami. Todavía se debe estar acordando de nosotras mientras se toca la hernia que se le salió al sacar del maletero el muerto que lleva Araceli en su bolsa. Seguro que está de baja el pobre hombre.
Gracias a buenas recomendaciones, llegamos a Clay Hotel. Nos acicalamos como buenamente pudimos usando las 4 cositas que teníamos a mano y salimos a pasear airosas entre las palmeras y el buen ambiente que se respira en Españolita Way. Brindamos con sangría (aunque parezca mentira) por nuestra aventura recién empezada y casi llegamos a 4 patas a la cama que ansiábamos desesperadamente. Pues la habitación era cutre, con las bombillas fundidas y sin agua caliente pero resultó ser el mejor palacio para el jet lag de las princesas.







