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Donde se acaba la tierra empieza el finde

lunes, 11 de agosto del 2008 a las 04:42

Emprendimos el viaje por la South 1 dispuestas a llegar allí donde algún americano egocéntrico debe pensar que se acaba el mundo y en realidad es el principio de algún tipo de paraíso: Key West.

La carretera se presentó un tanto pesada: mucho tráfico, excesivos semáforos y pegajoso calor hicieron que la conducción  sólo fuera amenizada por la música y las conversaciones. Tanta capacidad tuvimos de entretenernos con ello que  hasta chocamos con un deportivo amarillo marca desconocida representada con dos banderitas! De problema en problema y tiro porque me toca... Este Curro no nos deja descanso! Tuvimos que parar en el arcén, warmings encendidos, caritas de pena y un sentido sorry saliendo de la boca de Jezabel. No resultó ser más que un piquito de adolescentes entre dos coches. Creemos que Curro se enamoró a primera vista de aquella máquina diseño italiano... claro, normal, con aquellas curvas! Pero pobre, no fue correspondido, así que el ricachón vestido casual  se despidió con un cortés it's ok y pisó gas a fondo asegurándose de no volver a poner en riesgo a su cochecito burgués, sin dignarse si quiera a presentársela a Curro o a darle su número de teléfono.

Transitar por una carretera construida sobre el mar es una experiencia increíble. No cabe duda de que esta infraestructura supone un desastre natural  y un desorden paisajístico de desmesuradas dimensiones. Pero como hacemos con tantas otras cuestiones en esta vida -juicios a parte-,  aunque no hubiéramos dado nuestro voto de apoyo para realizarla, una vez hecha, disfrutamos de ella.

 Pasado el primer puente en el que hay una señal que alerta de que pueden haber cocodrilos cruzando, nos dimos cuenta de que nos adentrábamos en un mundo nuevo para nosotras. Aunque grandes, nuestras imaginaciones nunca hubieran podido llegar al nivel que luego alcanzó la realidad.

Key Largo es el cayo que da la bienvenida y nos recibió con un tremendo atardecer en escala de lilas que sirvió de fondo para las primeras fotos de un fin de semana digno de angels. El vino que nos tomamos con vistas al mar caribeño nos supo a gloria, una gloria parecida a la que llegaríamos chispeantes y entre sábanas dentro de una cabaña al pie de la carretera que nos estaba acercando al paraíso ya mencionado.

Playa Honda se encuentra a sólo 60 millas de Key West. Araceli, como buena isleña, experta en paradores de ensueño, aseguró que era una de las playas más bonitas en las que había estado nunca: arena blanca que pareciera polvo de perlas, agua transparente que dejaba visible nuestros cuerpos (de sirena of course ja ja ja), pececillos blancos nadando entre nuestros pies, apenas oleaje que rompiera el silencio, lo justo para acompasar el ritmo de descanso deseado.

Cuando estábamos a punto de irnos, hicimos parada obligada en el bar para comprar agua que hidratase las pieles bronceadas. Entonces pasó algo: apareció ante nuestros ojos el chico más guapo visto desde que pisamos suelo americano (adjuntamos fotos que lo demuestran a pie de página). Que nuestros amigos no se pongan celosos porque en pro al orgullo europeo tenemos que decir que más tarde descubriríamos que era italiano... el día que demos con un "peaso" de tío americano le dedicaremos un capítulo entero del blog.

La ciudad más sureña de los EE.UU tiene más bien carácter de pueblecito costero, un decorado muy cercano al popular lugar de encuentro de la pandilla de Verano Azul. La gente pasea en chanclas, en bici o en scooter por las calles repletas de tiendas vestidas de bikinis y pareos de colores. Todo huele a langosta a la plancha y a sal y sabe a lime pie y a cócteles frutales granizados y aliñados con algún toque alcohólico. La música y el aire fresquito  salen de cada uno de los establecimientos que decoran el paseo y en los que te reciben siempre con una sonrisa y un hello, how are you? que siempre suenan amables.  Si el cansancio te vence o consolidar la "turistada" te puede, lo más inn es subirte en un carrito cuyo motor son las piernas musculadas de un chico que acostumbra a ser joven y a pedalear alegremente mientras te da conversación. Anna no paraba de repetir que Cuba estaba impregnada en el aire, que lo notaba en el acento de algún piropeador, en los árboles de flores rojas que sólo allí había visto y en las casas tuticolori de la periferia. Y es que una vez ambos territorios estuvieron unidos, pero tras el Big Bang solamente 90 millas separan a las potencias enemigas, emblemas capitalista y comunista por excelencia. El monolito (o Manolito como dijo Araceli) lo constata.   

Hasta ahí lo fuimos interiorizando con naturalidad y expresada felicidad. La noche fue el impacto más heavy y la evidencia real de que América es más freaky de lo que pensábamos además de un país muy falso y contradictorio en sí mismo. No te venden cerveza en la playa y nosotras no podemos ir a trabajar en tirantes a la escuela, pero sí que se puede comprar un pedazo de pizza vistiendo unos simples calzoncillos, bailar en la terraza de un bar -free entrance y aparentemente normal- totalmente desnuda, sólo cubierta por la ligera capa de un boddy-painted o menearse sin complejos como tu madre te trajo al mundo (aquí ni pintura de cuerpo ni leches) luciendo un micro pene y unos cuantos kilitos de más. Bailan tan pegados que ponen sus corazones a prueba de infarto y cualquier excusa es válida para iniciar una conversación o invitarte a una copa, pero cuidado, en el menor descuido investigan tus caries sin permiso.

Nosotras recorrimos arriba y abajo Duval street, entramos en todos los garitos que nos llamaron la atención, bebimos moderadamente, bailamos más recatadamente de lo habitual y sobretodo en comparación al resto del personal, conocimos homosexuales, heterosexuales y hasta cantamos Maná en un karaoke. Nos fuimos a dormir juntas per no revueltas.

Regresamos felizmente cansadas a nuestra nueva casa la cual será estrella invitada, bajo vuestras insistentes peticiones, en próximos capítulos.  

PD: porque una imagen vale más que mil palabras visitad youtube http://es.youtube.com/watch?v=Voq_9JZ4zOQ

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Anna, a veces gremblin

sábado, 09 de agosto del 2008 a las 18:48

El que alguna vez tuviera una pasión o una adicción podrá entendernos. A pesar de que la primera es un regalo y la segunda una enfermedad, existe un punto de coincidencia entre ambas. Mostrándose en un gráfico vendría a ser cuando las dos líneas se solapan y queda un recuadro tintado de distinto color. En ese recuadro ha residido el mono, las ganas, el pensamiento prácticamente continuado de dar con un ordenador, con una red inalámbrica para acceder al portal del mundo entero. Si alguien vio la película El Pianista de Roman Polansky que recupere la imagen de Szpilman repiqueteando sus dedos sobre cualquier superficie... una incercia casi compulsiva que resultava emocionante. Bien sabemos que las comparaciones son odiosas pero algo así nos pasó a las palmbicheras durante algunos días. 

Anna se fue recuperando del jet lag, conociendo su nueva ciudad de residencia, poniéndose al día de los trámites y papeleos varios y reorganizando necesidades, obligaciones y deseos de manera paulatina y casi paralela.

Después de solucionar nuestros problemas, ya bajo amenaza, con la compañía eléctrica y de asistir al curso obligatorio de dual language nos fuimos unas millas hacia al sur, de nuevo hacia Ikea, para darle a Anna la dosis sueca que necesitaba (hay alguien que pueda vivir sin Ikea?) y así conseguiríamos que volviese a su estado humano y dejase de ser el gremblin en el que se había transformado: gruñona, quejica, cabezota e insistente en comprar los decorativos para su habitación. Ella tenía muchas ganas de ponerse al volante de nuestro coche recientemente bautizado como Curro (si alguien se perdió, que revise capítulos anteriores), Araceli se ofreció a hacer de copilota y Jezabel, reicindente en el pecado de la siesta, se tumbó en el asiento trasero. De repente el cielo se iluminó con un destello roji-azul. En el espejo retrovisor la temible imagen del coche del sheriff se acercaba inminentemente. Después de haber visto tantas películas americanas, sabíamos de sobra que eso significaba que debíamos parar en el arcén. Mientras que el policía, dignamente vestido con uniforme al completo que incluía sombrero y todo, caminaba de su coche al nuestro, tuvimos tiempo de que se pasaran por nuestras cabezas todas las ilegalidades que estábamos cometiendo: Anna no tenía carnet de Florida, ni tan sólo el internacional y aún "más peor" ni siquiera había cogido el de España! Y para colmo no  llevaba documento alguno que la identificase. Tampoco estaba incluída todavía en el seguro... Madre Mía! en cuestión de segundos buscamos una estrategia: nos haríamos las tontas y hablaríamos muy mal el inglés. El poli, bastante guapo por cierto, se acercó a la ventanilla de la conductora, la cual le esperaba con una amplia sonrisa y el corazón palpitándole a mil. Jezabel, tras el sobresalto, se despertó e incorporó sorprendiendo al agente quien le preguntó: y tú, dónde estabas? durmiendo? Cualquiera negaba tal evidencia pues no le había dado tiempo de despegarse los ojos y secarse la babilla. En su peor inglés, convencida y amortizando las caras clases de teatro le contestó: no, no, para nada, estaba cogiendo una cosa del suelo!- imaginaos, más de 25 minutos cogiendo algo del suelo, qué podría ser?- Bien, la autoridad empezó a pedirnos los documentos que suponíamos y además nos dijo que la matrícula temporal que llevábamos no estaba permitida porque había cambiado la ley. Oh my God! Iniciamos el show de flirteos consistentes en reírse agudamente sin motivo, tocarse el pelo, poner cara de sorprendidas a la vez que decíamos really? y congelar la sonrisa hasta llegar al punto del dolor muscular para ver si las excusas sonaban amables si no creíbles. La estrategia funcionó.

Llegamos a Ikea exhaustas tras la sobreactuación pero sin más altercados, aunque Anna de vez en cuando todavía suspiraba, Araceli a cada rato soltaba un no me lo puedo creer y Jezabel no pudo volver a conciliar el sueño. Anna salío realizada empujando su carrito con velas, plantas, cojines, lámparas y demás objetos que procurarían una habitación acojedora y personalizada. El outlet que nos chivaron estaba a tan sólo un par de millas, nos sirvió para acabar de evadirnos del susto, vaciar un tanto nuestras cuentas corrientes y llenar nuestras vidas de anécdotas que veríamos a través de los cristales de unas nuevas gafas de sol pijas y super fashion.

Como dice Jorge Drexler, y en este capítulo parece que estamos desvelando nuestros gustos musicales y elecciones cinemátoráficas, "la vida es más compleja de lo que parece". Al día siguiente tuvimos que hacer verdaderos malabarismos para compaginar cuerpo, corazón y mente de tres mujeres con un sólo coche y un sólo presente.

Tras muchas divagaciones, cuando la aguja solar había pasado ya el meridiano del día, partíamos hacia Key West, la última isla al sur de la península de Florida para pasar el último fin de semana de vacaciones fuera del calendario escolar. Antes tuvimos que parar en Miami donde proporcionaríamos a Curro su matrícula oficial del estado. La cita con Freddy era, por tanto, obligada. El puertoriqueño nos ayudó amablemente que no desinteresadamente, pues casi de pasada, nos hizo saber que estaba en OFERTA. Nosotras pusimos cara de no entender así que él nos aclaró que su esposa estaba de viaje. Estar en oferta significaba que era una buena ocasión para rendirnos a sus encantos los cuales pudisteis evidenciar en las fotos ya mostradas (no comment)

Nos esperaba un fin de semana prometedor...

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La que faltaba

miércoles, 06 de agosto del 2008 a las 06:36

Palmbicheras al completo

Lo más importante de aquél día era que íbamos a completar él equipo, por fin. Anna llegaba al aeropuerto de Miami sobre las seis de la tarde así que aprovechamos las horas que nos quedaban, después del despertar algo tardío, para liberarnos de la resaca y estrenar el primer domingo de playita auténtica: pareo, crema solar, fotos... sólo nos faltó el cubo y la pala e Iñaki hubiera sido realmente feliz.

Palm Beach tiene unas playas realmente bonitas. El algua está impecable, las palmeras decoran toda la costa y la arena fina se mete juguetona y revoltosa en cada milímetro cuadrado. Es una zona de grandes mansiones que imperan al otro lado de la carretera. Claro, en este contexto no hay bares en kilómetros, no pega. Araceli e Iñaki se morían de hambre y de sed, ¡cómo añoraron un cuarentón chillando al riiiiiicoooo heladooooooo! un jovencito extranjero vendiendo flía selvesa,  o hasta un chiringuito con la música a tope, niños chillando y olor a pescaíto frito en el biensabido aceite reutilizado. Sólo teníamos el comodín del restaurante ultra pijo al que nos daba vergüenza entrar en chanclas y del que sólo hubiéramos podido obtener un plato de gambas (seguro que sólo hubieran venido tres) metido dentro de una caja de cartón to take away, de manera que igualmente habríamos pagado 19 $ por un glamour disipado (visto el desamparo del plato) y además con un  condimento incluído y no escogido: granitos de arena.

Comimos-merendamos en Tacos al Carbón, recomendación de David Samore y de Tony, aquel surfero, segundo ángel de la guarda y cazador de cocodrilos, que por cierto nunca aclaramos el final de esa historia. Pues tal cual llegó, se tomó la cerveza, soltó el discurso sobre su filosofía de vida y se fue. Llamó al día siguiente, tal y como habíamos quedado, para operar a Curro, pero como Curro se curó sólo nunca más lo vimos y hasta ahora no supimos nada más de él . Hay que hacer una tesis para saber la diferencia entre taco, fajita y burrito. Al fin y al cabo todo acaba sabiendo a lo mismo: pollo, lechuga, frijoles, tomate, guacalole y salsas a esojer a parte. Sólo cambia el soporte. Estaba rico, prácticamente engullimos al son de algo parecido a Luís Miguel.

Aunque nosotr@s llegamos con tiempo y Anna con retraso no acertamos las coordenadas del lugar así que tod@s esperamos un largo rato en el lugar equivocado. El encuentro supo más a consuelo que a la alegría con la que se había cocinado. De cualquier forma ya estábamos las angels al completo + los dos co-protagonistas y aún residentes en la catalan embassy.

A Anna le encantó la casa. Dijo que era más bonita de lo que se había imaginado y, no sabemos si exageró o realmente es cierto, la casa más bonita en la que había vivido. Y eso que a esas alturas ya llevábamos 3 días sin agua, todavía estaban las maletas por en medio pendientes de ser desechas y entre tod@s habíamos creado un estilo de decoración propio, poco merecedor de una foto de revista... pero al fin y al cabo le gustó.

Reajustamos la lojística. Decidimos dormir las tres juntas.

Cotilleos, reflexiones y anécdotas; besos, abrazos y miradas; risas, llantos y gritos; pasado reciente, futuro inmediato, presente increíble. La noche nos brindó su cama, el cansancio nos pudo, cómo iban a caber tantas cosas en una sola habitación...

A quien madruga "Dios" le ayuda

martes, 05 de agosto del 2008 a las 06:55

Nos fuimos a dormir con dolor de barriga de las risas que toda aquella situación nos había provocado pero, vamos a confesarlo, con el corazón amenazado de arritmia por el gran interrogante económico que paseaba libremente por nuestras cabezas: ¿tendríamos que operar a Curro? ¿cubriría el seguro el traslado en grúa-ambulancia hasta el taller-hospital más cercano? ¿creería el mecánico-médico que lo teníamos todo en regla a pesar de que el fax del seguro nos lo habían enviado a la escuela y que hasta el lunes no tendríamos acceso?

Tod@s caímos rendid@s hasta que sonó el desperator, menos Iñaki, que se desveló con un ápice de remordimiento y preocupación justo cuando las agujas del reloj marcaban el alba. Nos duchamos modalidad garrafón, que nada tuvo que ver con una noche de fiesta sino que entre burrrrrr uyyyyy ayyyyy ayyyy burrrrrr, gritos de frío torturador a primera hora de la mañana. Volcamos los galones de agua sobre nuestros cuerpos: una rápida convinación de con la derecha me echo el agua conjelada, con la izquiera me froto un poco las partes a limpiar más destacadas y con la... ay! me faltan manos! alguien por favor puede alcanzarme el champú? Superada la primera prueba del día demostrando que somos mujeres de mundo nos fuimos con Jeff a recoger a Curro. A pesar de nuestro ateísmo compartido rezamos alguna oración que con dificultad recordábamos de la infancia. Honestamente dudábamos que el Dios de los cristianos nos tuviera en cuenta ya que últimamente no hemos cumplido demasiado con sus dictámenes. Pero quién sabe si fue que le rezamos a otro tipo de fuerza universal, si somos buena gente, al fin y al cabo con buenos principios y eso se tuvo en consideración, o si Iñaki (por la cuenta que le traía) llamó a su amigo Mike que asiste religiosamente a misa cada domingo y nos enchufó por un atajo vía directa a la ayuda celestial... el caso es que cuando llegamos Curro permanecía inmóvil, intacto, casi impasible allí donde lo dejamos y sin multa alguna. Dudamos incluso que ningún dear police officer hubiese leído la notita que tan amablemente escribimos. Jeff probó con el mando a distancia y... resultó! a la primera! Pasaron por nuestras mentes imágenes de todos los momentos anteriores relacionados, tipo: abrasar el mando con el secador de pelo, pasarle palillos de las orejas, hablarle con cariño, acariciar la pila amorosamente entre nuestras manos... 

Carlos fue el que más se alegró.  Acabábamos de empezar el día de su cumpleaños con buen pie, salvando el episodio de la ducha y a pesar de haberle cantado a pleno pulmón la melodía que procedía, con los labios plagiados de Carmen de Mairena. Llamamos a Iñaki para desacelerar su mente, que acostumbra a trabajar siempre por encima de las 3.000 revoluciones, y fue tanta su alegría que nos invitó a desayunar en uno de los garitos más auténticos de la zona.  

 Después de ir en busca de casa para nuestros inquilinos provisionales, estrenamos el área de shopping más cercana. Y qué ganas teníamos! Aquel mall (centro comercial) era tan tan tan grande que no supimos encontrar la puerta por la que habíamos entrado unas horas antes. Ya sabemos que parece mentira pero éramos 5 adultos (2 angels, 2 co-protagonistas masculinos y Maria, la sevillana residente en Miami) desorientad@s, arrastrando los pies y las bolsas sin encontrar la salida. Por un momento nos vimos encerrados dentro del centro comercial, maldurmiendo en cualquiera de los sofás del hall, riéndonos de nuevo de nosotros mismos y con el único consuelo aparente de abrir un grifo y que de él saliera agua.

Para desilusión de nuestros lectores deseosos de que las aventuras vayan increscento (confesad, confesad) encontramos a Curro con la ayuda de un guardia de seguridad. Sólo tuvimos que dar la vuelta a tooooooodoo el mall. Agotados nos fuimos hacia la catalan embassy nos maqueamos tan bien como pudimos con el método garrafón. Se nos olvidó mencionar que la misma fuerza compasiva del episodio de Curro nos había permitido disfrutar de la electricidad, así que limpios a medias pero con luz sufiente como para pintarnos encima de la suciedad no extraída, salimos de fiesta arreglados al más estilo francés: mucho perfume, mucho pintalabios y sonrientes como si nada hubiera sucedido.

Después de la cena en Dave's con banda sonora cumpleañera (sí, otra vez), la noche transcurrió rauda peregrinando de un garito a otro sin encontrar realmente lo buscado: la música no acababa de ser digamos bailonga, los cubatas se completaban con refrescos aguados y demasiado gasosos, el ganado no era como para contemplarlo con la boca abierta y las chicas resultaron ser de un provocativo inigualable. Decidimos no competir.  

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Kitt está castigado

sábado, 02 de agosto del 2008 a las 06:41

El plan del día era ir a la playa. Después de tanto ir arriba y abajo estabámos casi eufóricas con la idea de relax que suponía tendernos como lagartas bajo el sol de Florida. Nos entretuvimos un poco con los encuentros vía internet, leer los comentarios del blog, 4 personas, 2 baños, desayunos a diversos gustos... Más tarde de lo deseado estábamos list@s.

De repente nos dimos cuenta de que era día 1, fecha máxima para cambiar de nombre la luz y el agua. Sobretodo nos cercioramos cuando intentamos lavarnos los dientes y no cayó ni una miserable gota del reluciente grifo. Así que corrimos hacia el banco para abrir una cuenta y así poder hacer el trámite, total, sólo nos iba a robar unos minutos de nuestro deseado plan de recuperación de moreno.

Entramos al Bank of America. Nos hacieron sentar en unos cómodos sillones a esperar el turno. Por fin nos llamaron. Carlos se llevaba las manos a la cabeza del show que estábamos montando: A la vez que abríamos las cuentas y pedíamos información, Iñaki , que había esperado a que atendiesen su llamada después de las 86 personas que le anunciaron tenía delante, empezó a malentenderse con la telefonista, que por la voz intuyó negra - es que tiene un oído...- para que no nos cortaran también la luz, deletreándole  nuestros nombres según la geografía española. N de Navarra! Pero Ignacio, por Dios! N de Nevada, de Nebraska o de N.Y, que estás en EE.UU!! La verdad es que el chico es tan gracioso que arrancó la risa hasta de la pobre muchacha a la que estaba volviendo loca al otro lado de la línia.

Salimos del banco con las cuentas abiertas pero sin poder solucionar el tema de la luz y el agua hasta el lunes. Nos dejaron escojer el fondo de tarjeta y todo. Araceli se quedó con la de Hello Kitty, Jezabel con un niño metido dentro de una maceta (foto Anne Geddes) y para la cuenta común una bandera orgullosa del país en que ahora habitamos, por hacerle el honor...Las tarjetas monísimas, pero tan sólo 25 $ miserables en cada cuenta.

Bien, pues todavía no sabemos cómo pero pasamos 4 horas dentro del banco!!! 4 horas!! Después de tragarnos tantos capítulos de Expediente X pensamos en la posibilidad de que nos hubieran abducido sin darnos cuenta. Podríamos volver a caer en la broma ya gastada de que el chico que nos atendió era tan guapo, tan guapo, tan guapo, que se nos pasaron las horas como si nada, pero la verdad es que además de escuchimizao, tenía un ojo mirando a Boston y el otro a California... aunque muy amable, eso sí, nos recomendó un buen restaurante y todo.

Comimos en el sitio indicado a las 17.00hs, casi merienda. Después del papeo las chicas estaban cansadas. Casi obligan a Iñaki a conducir, pues Carlos ponía excusas... Llegamos por fin, entre frenazos y a trompicones a Lake worth pier; suplicándole piedad al sol para que demorase su despedida y nos permitiera alargar el disfrute de pasear unos pocos minutos más sobre esa playa tan deseada. Corrimos hacia el agua suponíendola fresquita y revoltosa. Pero nos sorprendió un océano calmado, templado y acojeador que nos guiñó un ojo de manera tan seductora que Jezabel, a falta de ligues, se rindió a sus encantos al instante,  se desvistió rápido (bikini completo -acordaos del posible arresto comentado en el capítulo anterior-) y se zambulló probando así por primera vez el agua atlántica de ese lado del mundo. Iñaki, london citizen por 4 años, ansioso de sol y mar, no lo dudó ni un segundo y fue detrás de cabeza. Tras unos cuantos largos, chapuceos varios y la consecuente relajación muscular salió feliz. Después de eso, después de tooooooooodoooo eso, Iñaki se dio cuenta de que llevaba el mando del coche en el bolsillo del bañador. Nos olvidamos temporalmente del suceso y nos largamos un paseíto por la orilla con conversaciones de aproximación en las que destacaron palabras como casa, guerra, oreja, revolución o sueldo...

Kitt nos esperaba allí donde lo habíamos dejado. Obviando el incidente de su immersión improcedente, apretamos el botón del mando para que se abrieran las puertas. Eso no sucedió. Abrimos con la llave y Kitt se volvió loco: empezó a chillar como un condenado pues la alarma estaba programada para desconectarse sólo con el control remoto. Intentamos pararla, pero eso tampoco sucedió. Kitt continuó chillando: emitía unos mmmmeeeeeeeeeeeeecccccccccccccc mmmmmeeeeeeeeeeeeeccccccccc mmmmmeeeeeeeeeccccccc estridentes a la orilla de una de las playas más pijas del país. A nuestro alrededor descapotables y ricachones paseando y ya nos véis, a los 4 españolitos al lado de un coche que berrea desconsoladamente a cada intento de ponerlo en marcha. En ese estado de risas y nervios empezaba a ser complicado pensar.

Apareció Tony, un rubiales surfero y descamisado con panatalón a cuadros que intuímos sin calzoncillos y una caracola blanca colgada del cuello. Tomad nota, es nuestro tercer ángel de la guarda. El que, sabríamos más tarde, es además cazador de caimanes, se ofreció a echarnos un cable, nunca mejor dicho. Acercó su pick-up destartalada e intentó recuperar la supuesta batería descargada, sin éxito. Gigi, el perro del improvisado pseudomecánico, nos daba consuelo sólo con su mirada mientras se colaba entre nuestras piernas.

Se hizo de noche, los cerebros no daban para más. Las posibilidades de dejar el lugar conduciendo a Kitt se habían reducido a casi 0. Tony nos adviertió que la playa cierra, ¡desde cuando se cierran las playas?! y que no podíamos dejar ahí el coche porque nos iban a multar. Llamamos al número de emergencias para comunicar el incidente y suplicar a la polícia que por favor no nos multaran. Nos dijeron que si no había muertos ni fuego ese no era el número correcto. Preguntamos por el número al que debíamos llamar y la tía nos lo vomitó en un estúpido inglés americano inteligible. Tuvimos que llamar tres veces más pidíendole de nuevo el número clamando lentitud en el dictado, pero no atendió nuestra petición.  A la cuarta llamada la misma mujer poco piadosa nos amenazó: habéis llamado más de 4 veces desde el mismo número, si lo volvéis a hacer aviso a la policia para que os arresten. Oh my God! pero sí eso era justamente lo que pretendíamos, que vienera la policía! Pero no a detenernos... Finalmente se nos ocurrió dejar una nota, que con su mejor caligrafía Iñaki encabezó: Dear police officer: bla bla bla.

El cazador de cocodrilos y lo más aproximado a un "quesito" visto hasta entonces, nos llevó a casa en su pick-up: Ara delante, Carlos, Jez e Iñaki sujetando a Gigi en brazos detrás. Antes de entrar para invitarle a una cervecita al menos, le advertimos que posiblemente estarían calientes porque nos habían cortado el agua y la luz a lo que él respondió que confesáramos la verdad: habíamos robado la casa y el coche. ES QUE TORNA A HAVER-HI UN FART!

 Rebautizamos a Kitt, ya no es nuestro coche fantástico ahora pasa a ser Curro, por el curro que nos da.

to be continued

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Los co-protagonistas ganan terreno

viernes, 01 de agosto del 2008 a las 06:21

Las princesas de la ciudad de Palm Beach que, como ya sabéis, se han esforzado a conciencia para tener la casita lo más mona posible en el menor tiempo, compraron para sus lechos unas sábanas que estuvieran al nivel . L@s que bien nos conocen saben que antes muertas que sencillas, así que nos estrujamos los sesos para comprar juegos de sábanas compatibles entre sí, que entre ellos combinaran los colores y decoraran la habitación sólo con hacer la cama.

Como ya os comentamos Carlos, que será Charlie cuando las angels sean tres (Anna te estamos esperando), durmió anoche en casa. Tuvo el lujo de estrenar colchón y combinación sabanil, a conjunto también con la lámpara. El resultado os lo mostramos aquí... esa habiatación ya tiene nombre: pinky sweet-suit.

Fuimos en busca de Iñaki. Los taxis amarillos colapsaban la zona de arrivals y era casi imposible acercarse a la puerta por donde salen los pasajeros de vuelos transoceánicos. Araceli se ofrece a ir caminando así que Jezabel se queda dentro de Kitt, aguardando. La espera se alarga, son las 15.15, hora de la siesta por excelencia , así que vencida por la tentación reclina el asiento y cierra los ojos con la intención de descansar un poco. Acaba soñando y todo. Un toc toc en el cristal la despertó de cualquier mensaje del subconsicente, toc toc al que respondió con la mejor de sus sonrisas bajando amablemente la ventana. Detrás del cristal no estaba la cara del pamplonico sino la de una sheriff cabreada que no atendió ninguna explicación que se le hubiese podido dar y extendió la mano tendiéndole la primera multa a Jezabel, a menos de de un centímetro de su nariz, mientras decía un escueto: take this! 

Llegó Iñaki. Con su acento peculiar del norte, deseoso de kalimotxo y su humor característico, tuvo que esperarnos una hora hasta que las Palmbicheras superaran todas las pruebas de la gimkana que supone dar con la puerta E del aeropuerto internacional de Miami. Paciente y agradecido subió sus maletas y Kitt nos llevó  rumbo a Palm Beach de nuevo, viaje que aprovechamos para ponerle al día de todos los acontecimientos.

Fuimos a visitar a los vecinos y de paso presentarles al nuevo co-protagonista. Cerveza en mano, planeamos a qué playa iremos al día siguiente pero Araceli advierte que tenemos que ir con cuidado, porque no en todas partes se puede hacer top-less y que nos pueden arrestar por ello. Iñaki seriamente pregunta: a los hombres también? Rápidamente nos lo imaginamos con bañador surfero Rip Curl y unos monísimos triangulitos cubriendo sus pezones y Jezabel tiene que ir a la casa a cambiarse de pantalones. Reírse tanto tiene sus consecuancias. 

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Aventuras con el coche fantástico

jueves, 31 de julio del 2008 a las 06:08
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Amanecimos en nuestra nueva casa, temprano como viene siendo ya rutina. Nos hemos ido a la escuela. ES IMPRESIONANTE! Además de ser enorme, super nueva (sólo tiene dos años), reluciente como los chorros del oro, con alfombras de colorines, ordenadores en cada aula ubicados sobre la mesa de la "señu", con proyector y pantalla y hasta con una lámpara jamás antes vista (o al menos en una escuela pública) que es una cámara, es decir, puedes poner cualquier cosa debajo y se ve en tamaño gigante... oye, que eso de cualquier cosa sonó fatal pero por favor, l@s mal pensad@s, que vamos a ser profesoras serias!

Corriendo nos hemos ido a buscar a Carlos, siguiente adquisición en el censo de la ciudad y futuro co-protagonista del blog de palmbicheras. Y de ahí a recoger el coche fantástico, alias Kitt. La compra-venta ha tenido lugar en un cuartucho de malamuerte, cutre a matar... el vendedor parecía salido de la peor peli de matones, de esos que te dan miedo hasta sentada cómodamente en el sofá de tu casa. Pues imaginaos tenerlo a tan sólo unos centímetros! Las compradoras (Ara y Jez)  compartieron algunas miradas de complicidad en las que se escondía la pregunta implícita de si realmente estaban haciendo bien de darle 2.800 $ a Freddy. Si es que hasta el nombre le acompaña... Mujeres de fe, nos montamos en el coche recién adquirido con un sentimiento de sabor indefinido, como esas salsas de reduciones varias de la nouvelle cousine: contentas, acojonadas, orgullosas... Acompañadas por algunos de los otros participantes del programa nos dirigimos a devolver el coche de alquiler (aquél que sivió de almacén  en nuestra etapa de gitaneo). Jezabel se bajó del coche un momento sólo para  cercirorarse de si estaba aún abierto el lugar. Los otros ocupantes del vehículo lo desalojaron, víctimas del calor, sin previo aviso. 1 seg, 2 seg, 3 seg... 1 min... CHACHÁN! Se cierra el coche con las llaves dentro. Mmmmm qué ricos primeros momentos de vida que nos regala Kitt.

Llamamos al vendedor, pinta-de-matón, para que nos ayudara a resolver el problema y en unos minutos nos demuestra qué fácil es robar nuestro coche. Mientras Freddy, bajo el sol caliente de Florida, mira a Jezabel con la gotita de sudor recorriéndole la cara, le dice: la próxima vez que me llames que sea para abrir unas piernas, no un coche. Toma! I can not belive it! Mejor reír que llorar, así que nos partimos de la risa...

Pero es que eso no es todo... salvado el capítulo en el que Kitt cerró sus puertas en una rabieta incomprensible (aunque le pedimos que las abriera con por favor y todo), empieza el segungo capítulo. Llegamos a la gasolinera porque el niño tiene hambre, pero hambre de qué? Pasamos el primer trago de vergüenza teniendole que preguntar al cajero qué gasolina piensa que debe llevar nuestro coche... esquivada la mirada fulminante con carga asesina y pensamiento de cómo-se-puede-ser-tan-tonta-por-Dios  Araceli pretende ponerle 40 $ de regular a Kitt para darle de merendar pero el surtidor no funciona. Desde la puerta de la gasolinera aparece el mismo tendero de antes gritando sofocadamente: mamita levanta la palancaaaaaa! m'hija, levanta la palancaaaa! Ya veis a Araceli levantando su mano con la manguera apuntando directamente al cielo, a la espera de que el cajero le diera el ok y así empezase a respirar el hombre. Pero eso no sucedía... así que Jezabel le sugirió que la volviera a colgar pero esa tampoco era la solución así que el pobre cajero ya estaba a punto de ahogarse: levanta la palancaaaaaaaaaaaaaaaaaa m'hijita! veloz, decidida y diríamos que hasta un poco idignada una chica delgada y menuda subió una palanca que evidentemente existía (aunque no la habíamos visto) y conseguimos así saciar el hambre de Kitt y dejar respirar al cajero.

Llegamos a Palm Beach. La casita ya tiene sofá y sillas además de nuevos invitados. This chapter to be continued...

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Habemus casa y coche

miércoles, 30 de julio del 2008 a las 06:37
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No os hemos olvidado no... válgame Dios! pero es que hemos pasado un par de días con algo de estrés... el sábado por la noche nos fuimos a cenar con Randy (alias agente inmobiliario, futuro vecino y segundo ángel de la guarda) y Jeff (su roommate) a un restaurante al ladito del mar. Dicen que es uno de los más viejos del país, un sitio precioso: las paredes pintadas con flores, todo de madera, algunas mesas flotan casi literalmente, sólo a unos centímetros del algua. Es un sitio ideal para llevarte a un "cuchicuchi" y regalarse las orejas mútuamente durante un rato. Pero nosotras, a falta de cuchicuchis, visualizamos al grupillo de gente española que vamos a formar entre tod@s, a cual más divertid@ y maj@, riéndonos de nuestras aventuras, de algún chiste sólo gracioso para compatriotas y quizás de algún cotilleo de última hora sobre el famoseo español. 

Más o menos adivinamos lo que comimos porque a penas entendíamos la carta, pero lo que no mata engorda y pa' dentro. Estaba rico. Nos quedamos con las ganas de tomarnos una copita en el pub de al lado, del cual venía una música  bailonga. Araceli tuvo que hablarles seriosamente a sus pies para que dejaran de moverse. Incluso los amenazó en llevarlos al rincón de pensar, porque el meneíto era dudoso y el resto de comensales sinceramente pensaron que sufría de incontinencia urinaria.

El domingo nos levantamos con muchas ansias de comprar todo lo que hace un hogar habitable, cómodo y lo más bonito posible. Dimos con la dirección en internet del único IKEA (y recién estrenado) en todo EEUU. Felices de hallar algo conocido nos sentimos, además, orgullosas de entender el funcionamiento mejor que ningún cliente!  Pobres gringos... no entendían para que servían las bolsas amarillas, ni qué hacer con ese lápiz pequeñajo -sin maquineta que encaje- (alguien intentó alguna vez sacarle punta a un lápiz de IKEA?), se perdían en el laberinto de cojines y cortinas  desconocedores de la ya rutina aprendida que tenemos los europeos de seguir las flechas... En fin, raudas nos hicimos con toda la mercancía deseada, a destacar una mesa de cristal con flores que empieza a compensar todo el glamour perdido en estos últimos días.

De allí nos fuimos a Miami pues nuestro amigo Ramón -recordad, primer ángel de la guarda, recepcionista del hotel Clay- nos llamó apresurándonos para que fuéramos a comprar un Hunday Sonata del 2002, gris, estable, full equip, elegante, automático, todo eléctrico... eso sí, para que nos vamos a engañar, feo donde los haya. Un coche de viejos. Pero ya aprendimos que tooodooo no se puede tener en esta vida. Tendremos el descapotable soñado en otra? va poooor faaaaa!!! que ya renunciamos a la piscina de corazón!

Regresamos a Palm Beach muertas de cansancio imaginándonos a Randy  esperéndonos con las llaves de nuestra nueva casa en las manos ,pero sólo encontramos un what's up girls? con un tono y una cara que este teclado todavía no reproduce pero que os podéis imaginar entre mi primo el de Zumosol y Terminator. Malas noticias, no nos darían la casa hasta el día siguiente. Cenamos comida china en casa de Jeff y Randy. Sintiéndose un poco culpable de que tuviéramos que pagar más noches de hotel y un poco atraído por la energía que dos chicas estrangeras aportan a una casa profundamente masculina, nos invitó a quedarnos. Aunque el que saltó de su casa como si hubieran tres fichas de parchís en la misma casilla fue Jeff que, muy caballeroso, nos cambió hasta las sábanas.

A media mañana del día siguiente supimos que la poco inteligente propietaria había decidido no dejarnos entrar hasta el viernes, a pesar de que estábamos dispuestas a pagarle los días que faltan hasta el 1 de agosto. Indignadas, cabreadas, tristes, desiliusionadas, agotadas y lo peor, como gitanas con un coche cargado hasta los topes con sábanas, toallas, manteles, almohadas, lámparas, mesas, vasos y servilletas; kit de limpieza completo para cristales, baño, cocina, suelo y madera, por supuesto escoba, cubo y fregona a la vista, nos fuimos a buscar otra casa.

El sitio nos hizo sentirnos más pijas que un kiwi, pero esta vez amarillo, de esos tan caros... vamos, pi-jí-si-mas. (A pesar de que el coche tipo magrebíes que atraviesan España desde Francia no hacía conjunto) Os creéis que nos pasearon en carrito picapiedra hasta los apartamentos? No nos gustaron nada pero conocimos Sahara, a una chica muy correcta que pensó que éramos amigas de toda la vida y además nos invitó a formar parte de un grupo de españoles que leen la biblia... pobre, no dio ni una en el clavo. Lo que nos tomaran por íntimas amigas nos hizo ilusión pero al segundo plan le hicimos una contraoferta de paseíto, cena y copas por el Down Town de Palm Beach. Cualquier día de estos la llamamos pa'tras -como dice Ramón- (call her back)

De camino a la otra cita con una agente inmobliaria nos llamó Randy. Al día siguiente tendríamos la casa. Estuvimos a punto de ir al encuentro programado igualmente, nos mataba la curiosidad de saber qué personaje nos tenía preparado el destino... con el ritmo que llevamos! Pero al final pusimos la directa (nunca mejor dicho) y compartimos de nuevo cena con los futuros vecinos y esa noche todavía hospitalarios anfitriones.

Nos levantamos con hambre de la buena. En la esquina de casa hay un restaurante que se llama COUNTRY INN. En el parking sólo hay pick-ups (rancheras), las camareras visten shorts  con camisetas descoloridas y ajustadas y te saludan con un gut mooooooorning sonriente y agudo que hace te hace redoble en el oído. Comimos tortitas con chocolate y huevos runnig, que literalmente significa que corre. Que nos perdonen, pero con lo que bien que suena huevo frito que necesidad tienen de andar diciendo oscenidades a cerca de los huevos! al rato divisamos a un joven camiseta remangada y pantalón a cuadros, tupé típico de los 80 y sonrisa profident. El plagio de Dylan de la serie Sensación de Vivir estaba apoyado en la vaya delante de nuestro coche cuando nos íbamos y con mirada risueña nos ha dicho happy tuesday! Happy, tuesday... happy tueday... todavía nos estamos recuperando...

Vamos al banco, pagamos más 2000 € en el estanco de un supermercado, conseguimos una Money Order por la que nos cobran 7$ más y entregados los cheques conseguimos la llave de la casa, futura catalan embassy.

Nunca jamás en la vida nos hizo tanta ilusión estrenar un mocho. Es que N'HI HA UN FART! Sudamos como cerdas, limpiamos como locas, reímos como niñas, y chillamos como histéricas... porque se nos olvidaba contaros que cuando Araceli se disponía a entrar a la casa el tercer viaje de bártulos se ha roto un enjambre de abejas que como por control remoto se dirigieron hacia ella dibujando una nube negra y ruidosa. Ella ha soltado el paper de water de la mano derecha y el suavizante de la izquiera, lo que llevara debajo del sobaco se cayó por inercia o quizás por susto y se puso a correr mientras gritaba Jeeeeeezaaaaaaaabeeeeeeeeeeel!!!!! Yo, conocedora de su alarmismo exagerado por los bichitos que residen en los alrededores, fui a su encuentro sin prisa, además de porque ya estaba agotada... pero es que al ver semejante fiestón abejil se me olvidó el cansancio y pies pa que os queremos corrimos perseguidas por los bichos, como en las pelis de dibujos animados, aporreamos la puerta de Randy y atemorizadas le pedimos HEEEELP!

El hombretón se deshizo de nuestras amigas negri-amarillas a fuerza de manguerazos y de unos cuantos botes de Fly. El susto a Araceli todavía no se le ha ido.

No hemos podido sacar la ropa de las maletas pero hoy ya hemos cenado en casa: pan con tomate, tortilla de patatas y vino Cabernet. Jeff nos trajo flores. Somos felices.

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