Silencio
Silencio antes de nacer. Silencio después de la muerte. La vida es puro ruido entre dos insoldables silencios.
Isabel Allende
Silencio antes de nacer. Silencio después de la muerte. La vida es puro ruido entre dos insoldables silencios.
Isabel Allende
Como diría Raúl Paz el tiempo se hace corto cuando la vida no se queja.
Y eso sucedió, que la vida no se quejó, de modo que, raudas, se fueron descontando las horas de los viajes que las palmbicheras habían soñado por separado.
Anna, en secreto, volaría lejos... Allí donde se quedaron sus recuerdos 5 meses atrás, sorprendería hasta al apuntador del festival navideño catalán.
Ara y Jezabel bailarían al son del sabroso mojito todos los días y todas las noches en una Cuba, ya amada, que les dejaría un sabor agridulce y deseos de volver.
Cuando Araceli y Jezabel bajaron del cielo cubano para aterrizar de nuevo en Miami vieron, a solo unos metros, y al más puro estilo Marcela Serrano, a Anna, queridamente reconocible.
Un único abrazo rebozó a las palmbicheras en esa triple fragancia extrañada.
Ni si quiera 48 horas más tarde la casa tendría dos sonrisas invitadas: Carmen, la de mamá de Jezabel y su novio Manuel. Una sobredosis de comida y amor inundó la cotidianeidad, poco deseada, de las palmbicheras.
Regalos, puerros, conversaciones, trapos de cocina, consejos, naves espaciales, vinos exquisitos, chistes, libros, sábanas, canciones... pormenores y porenormes compartidos en unos días, de nuevo, sin queja.
Y en ese vacilo de tiempo y de lugares, de sentimientos recientes y añoranzas palpitantes llegaron las Ara, Anna y Jez al siguiente fin de semana.
Los ojos son esa parte de nuestro cuerpo por donde se absorbe la luz de cada color, los colores que son de verdad, los que lo parecen y los que nos imaginamos. Los ojos captan cada imagen a nuestro alrededor y la convierten en algo real, que a la vez es siempre temporal.
Los ojos de las palmbicheras amanecen soñolientos, pero conscientes del trabajo que tienen por delante, se desperezan entre guiños amarillos y esa paleta de azules violáceos que se enmarañan en el cielo, a esa hora en que las calles están aún por poner.
Pero por suerte también cada día la mañana tiene una intensidad diferente y sobre todo cuando se trata del: yes, weekend!
Empezó nuestro viernes azul oscuro, con diversas energías y un solo objetivo en las mentes: ordenarnos. Ordenar lo vivido, ordenar los calcetines, ordenar los sentimientos, ordenar facturas, fotos y susurros desordenados sobre la piel.
Cuando una sube a un coche (y más si es un Jeep Cherokee dorado!) los sueños se confabulan, charlan y se pelean por caber todos dentro.
Salimos con más peso del necesario, un buen pedazo de nuestra despensa, mucha música, y una colcha. Llegamos sin darnos cuenta a Sarasota, después de cruzar en línea recta la península de Florida.
Sarasota es una ciudad bonita, elegante, con un círculo lleno de palmeras, tiendas con encanto y un poco caras, todo hay que decirlo, y una heladería que nos regaló el primer ataque de risa. Anna, sonriente, se plantó delante del mostrador y pidió un gofre de chocolate. La dependienta, con el local completamente vacío, se empeñó en que para poder atenderla, Anna debía seguir el camino que señalizaban unas barras metálicas de esas que se encuentran en las colas de los parques de atracciones. Así que Anna, en contra dirección, fue hasta el final de las barras y volvió deshaciendo sus pasos, lo que provocó la risa casi al punto del pipí de las otras dos palmbicheras, que atónitas observaban la situación sin acabar de dar crédito a tal numerito. Con muchas ganas de llevarnos un recuerdo del momento, salimos de la heladería con la foto de la vaca risueña de la puerta.
Para acabar de redondear el circo de los sinsentidos, al salir del local nos cruzamos con una encantadora pareja de viejecitos paseando un cochecito de bebé que resultó llevar dentro a un perro Chiwawa , cosa que dejo perpleja a Araceli y al reguero de personas que iban paseando por allí durante un buen rato.
Partimos dirección a Siesta Key, un cayo que prometía descanso a la española, haciendo antes parada obligatoria en la imagen gigante de una pareja besándose, que se llama originariamente "Rendición incondicional" aunque nosotras la llamamos "El beso". La escultura de 8 metros de alto reproduce una foto que fue portada del New York Times donde se podía ver a un soldado que regresaba de la Segunda Guerra Mundial besando a una enfermera.
Siesta Key nos regaló ese día sonrisas de tranquilidad y algún suspiro blanco como blanca es la inmensidad que se gravaba a fuego lento en nuestras retinas. Al compás de una marea azul que solo se intuía, nuestras respiraciones bailaban montadas en una brisa verde claro, casi blanco, y nuestras sombras jugaban a ser eternas, aprovechando que nadie las veía.
Abandonamos la arena con la certeza de haber encontrado un trozo del paraíso tan esperado, interior y exteriormente y con un improvisado almuerzo a base de ensaladas, mimos y embutido, bañamos nuestro pequeño trozo de cielo, y lo compartimos.
Perseguimos al sol aquella tarde a lo largo de los cayos que acarician la costa Oeste de Florida. Cuando el día aprende a envejecer, las palmbicheras se sientan en una roca y le cantan al sol melodías mudas, de victorias y de fracasos, y con mucha ternura le dicen adiós.
La luz, siguiendo los pasos del astro rey, empezaba a desaparecer y decidimos que era el momento de buscar un refugio para revisar nuestro mundo particular. Intentamos sentarnos en un bar bonito que yacía sobre la arena blanca, aunque se ve que, aunque queramos, no somos tan originales y la cola de los que querían hacer lo mismo que nosotras, inundaba la playa.
Nos marchamos buscando otro sitio para reposar, y lo encontramos. Sabíamos que Florida era conocida como el estado del retirado pero no lo vivimos en propias carnes hasta ese momento. El bar era una especie de cabaña del jubilado, con tiernas viejecitas comiendo trozos de pastel y algunas parejas de pelo grisáceo y manos experimentadas bebiendo cerveza.
Cansadas decidimos que teníamos que empezar a buscar un sitio para dormir. Entonces empezó el camino de todos los moteles, hoteles y resorts que inundan las calles de Anna Maria Island. Nos distribuimos misiones, como buenas Ángeles de Charlie; Jezabel conducía, Anna y Araceli se encargaban de localizar y bajar a preguntar si tenían habitación libre y cuanto podía costarles. Recorridos los primeros 10 hoteles y vencidas por el hambre, decidimos volver al hotel donde un chico con una sonrisa muy bonita nos había dicho que nos dejaba la habitación por 100 dólares. Cuando el muchacho de sonrisa perfecta nos vio entrar por la puerta nos sonrió y Ara lo aprovechó para preguntarle que si iba a respetar el precio acordado previamente a modo de "tarifa last minute". El chico preguntó cuánto habían acordado, a lo que ella, rápida y veloz respondió; 90 dólares, no? De acuerdo, susurro él con una mirada de complicidad.
Al final descubrimos que el sitio era un súper resort con cabañitas que se posaban tranquilas sobre la arena de la playa, a la que se accedía desde la terracita de nuestra cabaña. El sitio, maravilloso, inundó nuestros sentidos de paz y de la alegría de quien acaba de descubrir un tesoro enterrado. Tesoro que además nos había costado menos de la mitad de su precio original. Agradecidas como somos, al día siguiente le explicaríamos al chico lo feliz que nos había hecho con ese acto de generosidad. Y él, enseñándonos que la vida sigue sonriéndonos hasta cuando nos sentimos desordenadas, nos regalaría tiempo, dejándonos quedar en ese nido de calma hasta las 2 del mediodía.
La noche y la mañana que pasamos ahí, fue una de esas cosas que sabes de antemano que vas a recordar siempre, aunque es difícil explicar por qué.
Cenamos juntitas al lado del mar. Nos fuimos a dormir vencidas por la noche y despertamos queridas por el día. La cabañita de blanco y madera nos regaló un desayuno de dos horas, bañado de confesiones íntimas, secretos de la piel y memoria de los ojos. Esa mañana ordenamos presente, amamos futuro, y compartimos pasado.
Partimos una vez más dejando detrás un poquito de nosotras mismas entre las sillas de mimbre, en el marco de la ventana, entre la grieta de la madera del suelo, en las hamacas azules y blancas que cobijaron nuestros oasis de aire, de esperanza, de orden...
Con tres sonrisas verdes y una canción, dejamos la isla y seguimos el camino en busca de lo que empezó siendo nuestro objetivo, San Petersburgo. Cuántas veces hemos oído que no es tan importante la cima de la montaña, sino la felicidad que sentimos durante el camino de subida, que no hay que pensar en la meta, sino en disfrutar el trayecto!! Las palmbicheras muy aplicadas, lo vivimos en nuestra propia piel ese fin de semana.
El camino más corto hacia San Petersburgo desde el sur atraviesa la Bahía de Tampa por un puente largo que desde lejos tiene la forma de una V al revés. Lo cruzamos ya de tarde, y vimos como el sol doraba las olas de la Bahía, concediéndole al día su merecida belleza.
Sólo llegar a la ciudad, el museo Dalí salió a darnos la bienvenida, apareciendo en nuestro camino con el surrealismo pertinente que caracterizaba al genio catalán. Pudimos sentirnos un poco más cerca de casa entre sus cuadros y sus colores y por primera vez desde que llegamos, sentimos que los guiris eran los americanos esta vez y no nosotras.
Nos hospedamos en una especie de hotel en pleno centro. Por si el sitio no dejaba bastante que desear Araceli se cargó la persiana de la habitación, pero su ascensor de antes del paleolítico nos deslizó igualmente 8 pisos hasta la calle, por donde paseamos sin problemas de aparcamiento. Nos regalamos una noche en el café Alma, que mimó la nuestra de alma, con una buena dosis de colores en el paladar. Y nos dormimos juntas, acunando promesas y alguna que otra inquietud.
El ultimo día de nuestro viaje tenía nombre propio: El día de Martin Luther King Jr. y eso se respiraba en los comercios cerrados y en las desfiladas con domingueros y chiringuitos de "hot dogs" con olor a cebolla refrita incluidos.
Nosotras preferimos pasear en busca de la famosa pirámide invertida que aparece en todas las guías de San Petersburgo. Y la encontramos inmóvil, al final del paseo por donde los autobuses disfrazados de tranvía rojo suben y bajan sin parar.
Aunque habíamos imaginado la pirámide mucho más grande, como buenas amantes de la vida, la disfrutamos, y aún cuando los pájaros gigantes y hambrientos hicieron la vida imposible a Anna, la admiramos con la sonrisa de quien ve algo que no había visto nunca antes.
Antes de emprender el viaje de vuelta, paramos en "Sunken gardens", un jardín botánico con algunos animales típicos de la zona que además reposa a 3 metros por debajo del nivel de la calle. Nos paseamos entre corazones verde hoja y corazones rojo piedra, y disfrutamos de los tan esperados flamencos, símbolo del estado que nos da cobijo des de hace ya 6 meses. Nos regalamos unos minutos en la anciana "Growing Stone" y es que dice la leyenda que esta roca fosilizada tiene el poder de garantizar al que se siente en ella, armonía interior, tranquilidad, y el talento de hacer crecer las cosas que le rodean.
Que crezca el amor, que crezca la comprensión, que crezca la empatía y la solidaridad. Que crezca la vida y que crezca siempre nuestro interior.
Pedimos deseosas de hacer el mundo ni que sea un poquito mejor, y partimos hacia la ruta 275 que nos llevaría a casa. Dejando pasar los segundos en la carretera, y sin ni una gota de batería en nuestros aparatos de música, las palmbicheras cantamos canciones de colores, de todos los colores, todo el camino de vuelta y nuestros ojos cansados se cerraron esa noche sabedores de la inmensa suerte que tienen de ver, de sentir, de querer, de compartir pero sobre todo, contentos de ser seis y no dos.
No todos los días sucede algo que nos puede cambiar la vida. Aún menos cada día pasa algo que realmente puede cambiar el rumbo de la humanidad. A pesar del frío, millones de personas han viajado hacia Washington DC para ver con sus propios ojos como a las 12 pm del día de hoy Bush dejaba su despacho en la Casa Blanca para dar paso a Barack Obama, el 44th president of the United States of America y el primero afroamericano de toda la historia.
Recordemos que hace sólo unos 50 años los negros iban sentados en las partes traseras de los autobuses y debían ceder sus asientos a los blancos, aunque se subieran detrás de ellos. Hoy, una persona de color asciende al cargo de presidente en ese mismo país, que aunque todavía tiene muchos deberes que hacer respecto a los prejuicios racistas, se empieza a llenar los pulmones de aire que sabe a justicia y la paz, o esperamos que así sea.
Las palmbicheras, a pesar de que sus alumnos son pequeños, han intentado transmitirles la importancia de este momento, hacerles ver que será escrito en los libros que ellos mismos estudiarán de aquí unos años. Desde el distrito de Palm Beach se han dado órdenes directas de que todos los alumnos vieran el discurso de envestidura de Obama, y para ello facilitaban retransmisiones en directo de las principales cadenas de televisión a las que se podían acceder desde la misma página de la escuela.
yes, we can! es la frase prometedora y esperanzadora que Barack Obama repite a cada momento. Se hacen paralelismos entre él y Martin Luther King Jr, ambos expresaron su sueño de hacer de este mundo un sitio mejor.
Ese es un sueño grande que se cumple con acciones pequeñas.
Las palmbicheras también se repiten a menudo yes, we can (nosotras podemos) pero los viernes toma especial fuerza: yes, weekend!!
Había una vez Tres Reinas que modernas ellas no viajaban en camello sino en aviones, que no buscaban marido sino ilusiones, que no regalaban ni incienso, ni oro, ni mirra, sino tres sonrisas por los rincones...
Las Palmbicheras se separan unos días ya que han escogido diferentes destinos vacacionales en tierras Caribeñas, así que se verán obligadas a ausentarse de la pantalla transoceánica durante estas fiestas.
Si os entran ataques de melancolía, mono de blog, ganas de saber de ellas... dejad mensajes...
PROMETEN RESPONDER!!!! y regresar con mil aventuras que contar !!!
y a nuestro anónimo, un saludo especial
¿Dónde guardamos el ayer? ¿Qué hacer con todo aquello que soñamos, dónde lo metemos? Las líneas escuetas de este blog pueden hacer de escondite público de los retales más interesantes y de espejo, por qué no confesarlo, poco profundo y menos íntimo, de lo vivido. Aún así, son pedacitos de las palmbicheras, esas tres chicas que por algún motivo os interesan y por eso andan vuestros ojos recorriendo estas líneas...
Las semillas que plantamos en nuestro jardín han tenido diferentes destinos. Unas directamente no crecieron. Otras crecieron pero no sobrevivieron. Unas pocas crecieron tanto y con tanta generosidad que se ahogaron en tan pequeño espacio. Nos quedan las tomateras, que necesitamos enderezar antes de que se deformen siendo una selva de flores amarillas sin posibilidad de reeducar y un tímido pimentero, que ya no esperábamos, el cual saluda con una sola flor blanca. Podríamos hacer una metáfora con las relaciones... las que nunca consiguieron existir, las que duran poquito, las que crecen tanto y tan rápido que se someten a una muerte temprana, las que se han de cuidar a diario para no perderlas y las que aparecen casi por sorpresa, y se mantienen calladas y pacientes en un rincón del jardín esperando a ser vistas.
Igual que esperaban verse Jezabel y Bárbara. Dos mujeres unidas por una pasión común, el teatro, que empezó siendo el motivo y acabó siendo una anécdota más de una amistad preciosa... Como una Reina Maga llegó cargada de regalos, de mimos y mensajes del otro lado del charco.
La pasión por la música que sienten las palmbicheras hace que se compren las entradas de los conciertos a pares... y es que no pueden contener sus dedos índices haciendo clic sobre el botón izquierdo del ratón cuando se enteran de que alguno de los artistas que alguna vez les regalaron canciones, ya vestidas de recuerdos, vienen a actuar por los alrededores.
Miami puso el escenario de los dos acontecimientos. El primero, un macroconcierto latino de Chayanne, Carlos Vives, Luis Fonsi, un tal Solís que era como el quinto de los Chichos y ...el plato fuerte que nosotras esperábamos Alejandro Sanz y Shakira!! Para nuestra decepción el show era un espectáculo en honor al fundador de la primera emisora latina de la radio estadounidense, así que chupamos videos, glorias y miserias del hombre y hasta la bendición del cura que con ella, inauguró el concierto. Que levante la mano quien había estado antes en un concierto bendecido!
Alejandro Sanz cantó sólo 3 canciones y Shakira ni cantó... salió exclusivamente a entregar un premio !! menudo timo!! total que entre tanto latino y tanto charloteo de si Colombia pa'ca, Cuba pa'ya, Puerto Rico... y España???? Que Alex es de Cadiz! María y las palmbicheras sacaron un patriotismo nunca antes sentido, nacido de la lejanía, y entre actuación y actuación se pusieron a desgañitarse gritando como posesas España, España!!!
En fin, que tras esa noche apoteósica un amigo comentó que había leído en las noticias que en el Gran Concierto se había oído un coro de España !! no se lo podían creer pero así es!!! El Mundo recoge su heroica hazaña en este reportaje :
http://www.elmundo.es/elmundo/2008/11/22/cultura/1227332508.html
El segundo concierto fue el de Madonna, y afortunadamente ella sí actuó . Un perfecto triángulo rectángulo entre ella, las palmbicheras y la estrella que más brillaba esa noche del 26 de noviembre sobre Dolphin Stadium... Un tremendo espectáculo de música, luces, decorados, bailarines, videos e imágenes de tantos años de canciones que iban y venían de nuestros pasados a ese momento en que los acordes hacían temblar el suelo donde reposaban nuestros pies y se perdían en el cielo abierto, fiel conductor de mensajes allí donde tuvieran que llegar.
http://es.youtube.com/watch?v=m3E0Pv6KjwE
La celebración del día de Thanks Giving les regaló 4 jornadas festivas así que al día siguiente las Palmbicheras desunen sus destinos y sus fuerzas... Por un lado Araceli y Anna fueron rumbo a las Bahamas. Sus risas escandalosas a penas se oyeron dentro del estruendo que caracteriza el aeropuerto de Miami cuando literalmente del cielo les cayeron dos quesos Gouda. Y es que era el día de Acción Gracias...Y las Gracias las dieron!!! Mientras el 90% de las familias norteamericanas disfrutaban de un banquete por todo lo alto, dos de las palmbicheras fueron invitadas por los operadores a pavo y ensalada que se zamparon felices delante de la puerta de embarque protagonizada por una pantalla en la que se leía: Nassau.
No podían haber empezado mejor 4 días de gloria, de playas caribeñas, de ron, paseos gratuitos en moto de agua... y hasta de un crucero de luna de miel al que fueron semi-engañadas pero del que disfrutaron aún sin estar casadas. Para los más curios@s:
http://es.youtube.com/watch?v=4cFK1fWJfog
Mientras, Jezabel y Bárbara ya habían llegado a la ciudad del Jazz: New Orleans. Esa ciudad que le hace preguntarse a una ¿dónde nace la música? Una ciudad que huele a gas de luces prendidas y se muestra despejada de huracanes que quedaron el la memoria de las paredes de las casas de colores que soportaron la desgracia, así como en el arte que decora las calles aún cuando las galerías están cerradas, que es cuando abren los bares... Una ciudad donde los instrumentos parecen caminar solos sobre asfaltos mojados que por las mañanas se despejan de personajes bohemios y soñadores que vuelven a refulgir junto a las estrellas nocturnas hasta que estas vuelven a desaparecer...
Susurro es una voz con alma de suspiro. Es una palabra callada y con sonrisa escondida. Es un decir amoroso, tierno, pausado y seductor. Es una confesión "a cau d'orella" que solamente entiende y oye el que está junto a ti. Es una vergüenza atrevida casi impercetible, una insinuación...
de qué labios sales, susurro?
Sabemos que en esta vida no todas las personas con las que nos encontramos nos dejan la misma huella. Hay personas que existen y nunca nos encontraremos con ellas, otras que a pesar del encuentro nunca les paramos atención. Existe ese tipo de persona que duró un tiempo más corto o más largo a la cual recordaremos siempre. No nos engañemos, también nos gustaría quitar de nuestra vista a más de un personaje que pasó el cásting pero que todavía no adivinamos qué papel está representando en nuestra vida, ni qué falta hace... Y entonces llegan esas personas que se te agarran por dentro y no te sueltan. Tanto da la cultura o el idioma, la distancia, la edad, el sexo o el tiempo que haya en medio. Están ahí y no se van, viven dentro de nosotras y nosotras las alimentamos, las cobijamos, les reforzamos los sueños... es lo que aprendimos a hacer de nuestros padres, es lo que hacen las personas que dan y aman la vida.
Y eso fue lo que hicieron el papá y la mamá de Anna, hacer palpable con su visita la existencia de un cordón umbilical perenne e infinito, un amor que no se acaba, que es "hasta el cielo y volver" y es que eso es mucho... Jamón, lomo, chorizo y aceite; mimos, medicinas, anécdotas y agradecimientos, llenaron la casa de estrellas que decoraban ese cielo metafórico de amor... Qué bien sientan las mamis y los papis...
Clara, la hermana pequeña, haciendo campana durante el primer trimestre escolar, pudo aprender sobre algunos temas que no se tratan en la escuela de una maestra muy especial. Esa figura femenina que era ya una adolescente cuando Clara nació, con la que ha compartido su recorrido y sus huellas, mútuamente...
El tío, David, tremendo aventurero, apañao y marujón, buen fiestero y mejor conversador, puso más luz a nuestros días arreglándonos los fluorescentes de la cocina y disminuyó los ruídos rebajando la puerta del Paraíso Tropical, que rozaba con el suelo a cada una de nuestras entradas y salidas con prisas o con cansancio, solas o en compañía, al alba, al atardecer o de madrugada...
Y qué bonito es poner la mesa para 7, con velitas y en la terraza, con música y en tirantes, con comidita rica y en buena compañía... gracias. Gracias también por definirnos como espléndidas, en esa dimensión de plenitud que usa Carme, la mamá de Anna, bonita y generosa.
http://www.youtube.com/watch?v=C1DN0nx0cj8
Y la vida sigue, como diría Sabina al revés, como siguen las cosas que tienen mucho sentido. Las palmbicheras experimentaron maravillosos acontecimientos de diferentes índoles como la visita de Álex, un amigo de Alemania que Anna conoció en Londres y al que ha reencontrado en Palm Beach; o que le quitaron la escayola a Araceli, la cual no puede bailar todavía pero sí pasear por la playa y bañarse o que vieron por primera vez en inglés (aunque incontables veces durante sus adolescencias) Dirty Dancig dándole un nuevo sentido a esa vieja película; o que fueron a una barbacoa en casa de Hortensia donde su hermano y su primo pusieron el toque español de risa y cachondeo que tanto añoramos...
Hemos recibido un comentario de dos ángeles anónimos. De momento son ángeles porque se han propuesto una misión: decorarnos el blog con sus poemas, porque no sabemos bien su identidad sexual, porque no tienen edad ni cara pero han aparecido haciéndonos sonreír. Respondemos a su pregunta: sí, jugamos.
Las palmbicheras de a poco van creando sus propios códigos de comunicación. Pequeñas frases que substituyen a todo un párrafo y que son las protagonistas de un lenguaje privado, basado en un pasado individual y en sus anécdotas comunes, que va más allá de una lengua vehicular: catalán, español o inglés. Es el lenguaje de sus momentos, son las palabras que han tocado la presencia compartida, que la convocan y la recuperan al instante a través de a penas unos pocos caracteres entonados.
Las palmbicheras ya se quieren, con ese amor del haberse conocido desde hace rato, de haber pasado ya por lo bueno y por lo malo, por la salud y la enfermedad, por la alegría y la tristeza... y hasta que la muerte de esta etapa las separe viven en un matrimonio aparentemente de conveniencia causal o casual en el que se sienten cómodas, bendecidas y agradecidas. Todavía les quedan muchos meses pero al percatarse de la suerte que han tenido al encontrarse se pasean por los pensamientos de un echarse de menos adelantado... http://es.youtube.com/watch?v=J4bIHyzaves
Cuando al día le quedan pocas horas de brillo natural rinden culto a sus cuerpos y se ayudan en la decisión siempre difícil de vestirse para una ocasión especial. Disfrutan internamente de esa nimiedad femenina de hallar en una blusa mucho más que una simple prenda. Entre sus tejidos se esconde el deseo de cuidar la relación con ellas mismas, de acoger a la luna con una hospitalidad reflejada también en esa delicadeza, de decirle al mundo que celebran la vida.
La noche se va llenando de almas disfrazadas de nuevos coprotagonistas. A cada sorbo se escribe la continuación imprevisible de lo que va siendo el final de la semana...
Y para que no se piensen ustedes que un pequeño contratiempo ha podido con sus inagotables fuerzas y energías les mostramos a través del siguiente recorrido de imágenes la mágica luz de las noches, con sus peculiares soles, los antros y los personajes... un mundo nocturno en donde se esconden muchos secretos y se desvelan otros...
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