Llegamos a Londres
El aeropuerto de Londres es enoooooorme, tuvimos que ir de una terminal a la otra en bus y luego en tren! y no saben de la existencia de los carritos... la poco amable aduanera al preguntarle que donde podíamos conseguir uno nos contestó con cara de horto que se suponía que sólo debiamos llevar equipaje de mano y que en todo caso en Londres no habían. Pareció no darse cuenta de que a Araceli casi le amputaba los brazos su propia mochila, que mi yugular se veía amenazada por la tira del bolso cruzado y que andar de lado no siempre significa ir borrachas, os lo juramos!
Aunque debemos tener cara de alcohólicas porque la camarera que nos sirvió un poco de comida entre vuelo y vuelo no desaprovechó la ocasión de encontrarse con dos tias simpáticas y enrolladas y nos pidió que le compráramos una botella de vodka... dónde antes se vio?
La verdad es que nos pareció surrealista pero asumimos el deafío que fue compensado con las risas y un par de tazas de chocolate caliente con nubes por encima! Nubes de golosina diferentes a las que sobrevolaríamos durante 9 horas...






