Las gatas con botas
1.689 millas. Elk, Oklahoma
El día se despereza temprano, la carretera está solitaria y tres de las cuatro damas viajeras todavía procesan las últimas horas vividas con los ojos cerrados, en ese momento de máxima expansión del subconsciente.
Solamente la esquina sud-oeste del estado de Kansas es adornada por el lazo de la ruta 66, la carretera madre de USA. Las palmbicheras+1 pronto llegan a Boxton Spring, una villa desolada a esas horas tempranas de la mañana que guarda la esencia americana en toda regla. Sobre el ladrillo rojo de una pared sin ventanas alguien, alguna vez, pintó un lindo cartel que las caracolinas se ven obligadas a fotografiar, entre la ilusión y las prisas, en pijama.
Que sorpresa la suya, pues al alzar la vista aparece un Country Outlet que hará el negocio del mes vendiendo tres pares de botas y cobrando cuatro, a las 9.05 a.m. Y es que la señora, con la sombra de ojos azul celeste que le llegaba hasta las sienes y medio bote de laca incrustado en el flequillo para mantenerlo estratégicamente tieso y acomodado en una mezcla conseguida entre un pollo despeinado y una vecina de pueblo con ganas de arreglarse, no podía menos que equivocarse ante la expectación de tener 4 clientas madrugadoras en un viernes cualquiera... la anécdota de su semana.
Entran en Oklahoma. Kilómetros y kilómetros por el cemento que separa, a lado y lado, campos de cultivos bien cuidados, granjas en su éxtasis laboral, buzones aparentemente abandonados que esperan, pacientes y acalorados, la visita puntual y diaria del cartero que a punto debe estar de llegar.
Visitan el pajar redondo Roun Barn y el bar-gasolinera-supermercado Pops, famoso por tener bebidas de todo el mundo (hasta Vichy catalán!) bien ordenaditas y por colores. Un establecimiento digno de residir en el centro de cualquier ciudad cosmopolita, se encuentra a la entrada de Arcadia, recóndito lugar... búsquenlo y vean...
Y aunque le van ganando horas al día, pues conducen a favor del tiempo que por una vez en la vida está de su parte, la noche cae inevitablemente. Minifaldas y botas, algunas recién estrenadas, un poco de pintalabios y ganas de bailar. El único hallazgo es un bar de carretera prácticamente vacío de gente, lleno de luces y amabilidad, del cual no son sólo las protagonistas sino el entretenimiento de los lugareños.




Comentarios sobre Las gatas con botas
Hello 4/66,
Voy corriendo a por mis botasssssss......
Besitos
Hello 4/66,
Voy corriendo a por mis botasssssss......
Besitos